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jueves, 25 de julio de 2013

La muerte de Hermann Göring

Hermann Göring, el mariscal del III Reich, quien llegó a ser numero dos del partido nazi, apareció muerto el 15 de octubre de 1946 en la celda en la cual estaba prisionero tras la caída del nazismo. Göring había sido condenado a muerte por el tribunal de Núremberg, y ya nada se interponía entre el y la horca. A pesar del exhaustivo control de seguridad al que se les sometía a los reclusos, el jerarca alemán logró introducir una capsula de cianuro en el recinto e ingerirla sin ser visto, lo que le provocó una muerte instantánea, privando a los aliados y a toda la humanidad hacerle pagar por sus crímenes.

Fotografías tomadas tras detener a Hermann Goering 


¿Cómo pudo acceder al veneno?
Es una de las cuestiones que más quebraderos de cabeza han dado a los historiadores desde entonces. Se ha planteado la hipótesis de que hubiera escondido la capsula en un diente postizo o en alguna parte de su cuerpo, pero todos los presos fueron sometidos a un control medico , donde fueron minuciosamente inspeccionados. Otra hipótesis es la de que alguien externo pudo dispensarle el fármaco. En este contexto surge la figura del soldado Stivers, durante el periodo de encarcelamiento de los criminales nazis, él fue uno de los encargados de supervisarlos. En este tiempo sendos individuos entrelazaron lazos afectivos, hasta el punto en el que una mujer cercana al criminal se puso en contacto con el soldado, ésta le indicó que le llevara a Göring un bolígrafo, en el cual se alojaba el veneno. Sea cual sea la verdad, la muerte de este criminal fue tumultuosa y estuvo envuelta en oscuridad.

Cadáver de Hermann Goering